Un regalo para el niño o niña que fuiste: El arte de sanar tu niño interior
Aunque hayamos crecido y asumido las responsabilidades de la adultez, en lo más profundo de cada uno de nosotros sigue habitando ese niño o esa niña que fuimos. El concepto del "niño interior" no es una idea romántica ni abstracta; representa la forma en que aprendimos a sentir antes de aprender a razonar. Es allí, en las primeras etapas de la vida, donde nacen nuestras alegrías más puras, pero también los temores e inseguridades que guían nuestras acciones cotidianas.
Basado en el libro "Cómo sanar tu niño interior" de David Fischman y Marisol Bellatín, este tema nos invita a realizar un viaje hacia el amor propio, la autenticidad y la tranquilidad emocional.
No superamos la infancia, vivimos con ella
Cuando somos niños no tenemos filtros ni barreras emocionales: sentimos el amor, el rechazo y el miedo con una intensidad absoluta. Por eso, si en tu vida adulta experimentas un temor constante al rechazo, ansiedad o una necesidad excesiva de aprobación, no es un fallo del presente; es tu niño interior pidiendo la atención que le hizo falta en el pasado.
El libro nos deja una frase contundente: nosotros no superamos la infancia, sino que vivimos con ella, y esta se proyecta directamente en nuestras decisiones y comportamientos actuales. Cuando no sanamos estas heridas desde dentro, pasamos la vida buscando desesperadamente afuera lo que nos falta por resolver en nuestro interior.
El origen de las heridas (no necesitas una infancia terrible)
Existe el mito de que para tener heridas emocionales se debe haber pasado por una infancia traumática. La realidad es que situaciones cotidianas como no habernos sentido escuchados, la falta de valoración o la exposición a una fuerte autocrítica familiar son suficientes para fragmentar la autoestima de un niño.
De pequeños todo es sumamente personal: si nadie nos abrazaba, asumíamos que no éramos dignos de recibir afecto; si no nos prestaban atención, preferíamos callar. Con el tiempo, estos mecanismos de defensa se arrastran al entorno laboral, a las relaciones de pareja y afectan el autoconcepto.
Sanar no consiste en buscar culpables ni en juzgar a nuestros padres. Sanar significa identificar que la herida está ahí y asumir la responsabilidad de transformarla mediante el autoconocimiento.
"Reparentalizar": Conviértete en el adulto que necesitabas
La propuesta más amorosa para iniciar este proceso es la reparentalización, que consiste en darle a tu niño interior el adulto protector que le hizo falta en su momento. Este camino se compone de cuatro pasos esenciales:
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Escuchar con honestidad: Reconocer qué es lo que nos duele en el presente.
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Validar la emoción: Aceptar que la herida fue real y que tenemos derecho a sentirnos afectados.
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Protegerse adecuadamente: Aprender a poner límites saludables para no exponernos a constantes pérdidas por temor.
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Cuidarse a uno mismo: Brindarnos el tiempo, el espacio para descansar, disfrutar y darnos el amor que siempre merecimos.
Sanar no implica traer mágicamente al niño del pasado al presente, sino recordarle todos los días que ya no está solo; que ahora cuenta con un adulto consciente, fuerte y seguro que lo acompaña, lo protege y ha transformado los miedos en valentía.
El mejor regalo que te puedes dar
Especialmente en épocas de festividades o momentos de introspección como la Navidad, los recuerdos y la nostalgia suelen avivar las expectativas de nuestro niño interior.
El verdadero regalo no se encuentra envuelto bajo un árbol, sino en hacer una pausa profunda para preguntarte: ¿Qué le hace falta hoy a mi niño interior? ¿Necesita descanso? ¿Atención? ¿Sentirse valorado?. Aprovecha este momento para mirar hacia dentro y darte a ti mismo ese cariño y protección que te acompañarán hoy y para siempre.
*** Este artículo es un resumen del Episodio 5 del Richard Alanya Podcast. Puedes escuchar el episodio completo y descubrir más herramientas de crecimiento personal en su canal de YouTube aquí.
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